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Archive for 27 marzo 2012

Palpitando

Aguas claras de soberana impetuosidad que te escondes en turbias fornteras, dónde estais ahora que mis lágrimas no brotan y mi corazón se desmorona.

Qué está pasando? Deambulo perdida en ningún lugar ante ningún peligro y sin ningún gozo

Abrí la ventana y me bañe del agua de lluvia, una lluvia acida e intensa queva a quemaropa destrozando mis costras inscrustadas

Estuve alguna vez protegida? Ay falso engaño de mis pesares, de mis quejas y lamentos absorto

NO es más fiel a sus manos el que ve sino el que ciegamente camina hacia un rumbo tenebroso.

Durante la estancia del lobo en su guarida la presa tranquila se alimenta, más si se prestara la ocasión saltaría aunque su panza estuviera repleta. Es instinto animal que le lleva a devorar su carne a pesar de no necesitar tal matanza

Qué podrido despertar halló bajo las aguas? Un manantial de sed o un magma de dimensiones desproporcionadas

Tal cual creyo ser fiel a su presagio se hundio de lleno en lodo del sufragado submundo que le colmaba de inmundicia y sabiduría barata que no transfiere su fragancia ni al más osado pasajero

Quién puede osar a entrar en la posada de un esclavo convertido en preso? No es más que aquel que sabiendose vencedor derrocha su fortuna en banalidades de infinta plebe.

Se regocija un susurro de hojas secas en las entrañas de un árbol apenas creciendo, rompiendo a salir de algun lugar llamado infierno para ser devorado por bestias o habitado de canticos bellos.

No es indiferencia ni desasosiego, es dulzura de un baile que aunque doloroso es eterno

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Duele

Ser uno mismo, simplemente duele, mirar a los ojos y simplemente sentir, duele, porque estar vivo es lo mismo que amar sin más sin cortapisas, sin nombre, sin esperar, porque desde lo más profundo de mi nace eso, y el límite de los demás, duele.

Quiero mirar adelante y me golpea el otro, aquel al que mi corazón da un poco de sí mismo lo consiguen escupir y tirar, como basura a la alcantarilla, se interpreta como algo que no tiene nombre con algo que sí puede tenerlo, y duele.

Mis lágrimas han vuelto a mi tras confiar en que podía acercarme humanamente desde el amor al otro, sencillamente porque así me movía la propia vida, esta vida que curiosamente se revuelve por aniquilarse a sí misma. Quizás por todo esto, duele.

Mi cuerpo se retuerce y expulsa todo lo ingerido tratando de limpiar un dolor que jamás sale. Sigue doliendo. Apenas queda confianza.

Me miro al espejo y duele mi mirada, se pregunta si tratando de amar esa imagen quizás y sólo quizás conseguirá que alguien le acepte por simplemente ser y amar sin límites.

Mientras tanto, duele y sigue doliendo sanando con ello mis pesares internos, porque aunque yo no lo quiera y mi razón lo bloquee….Duele

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Reflexiones

Destellos de desesperación al mirar tu luz se hicieron realidad cuando entre las sombras de mi almendro solitario quise ver más allá de lo posible.

Qué fue lo que hizo que nuestras miradas no se encontraran antes, tal vez la curiosidad no fuera adecuada en ese momento tan incierto, quizás no se ajustaba a la casuística del destino.

Es imposible saber las cosas con la seguridad de un poeta amando sus letras con las que es capaz de expresar un sueño o un deseo sentido y vivido; pues más sabe él que cualquier científico que se jacta de correcciones matemáticas de la más pura exactitud incierta.

¿Dónde estás ahora que te busco desesperada entre las cortinas de un sueño aletargado por el tiempo? Tal vez no merezco la golosa sabiduría de tus manos encontradas.

Hoy decido seguir adelante entre las tinieblas que despiertan mis razones, camino de un lugar entre lo oscuridad y la iluminación. ¿ Vendrás conmigo? Si decides no hacerlo…te esperaré al final, porque sabes que hoy y siempre puedes contar conmigo…

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Desde el silencio

Desde el deseo más oculto

atrapada por las circunstancias

me transporto a mi encierro

desde donde jamás la vida me reclama.

Es asunto del pasado

hacernos recordar los sueños

sin embargo, permanecen en el letargo

mientras sus pesares nos dejan preso.

Mirándonos podemos alcanzar

la dicha más profunda

aquella que se siente de verdad

en las entrañas que la vida inunda.

Nunca te pares, ni a pensar

pues el tiempo a gotas de rocío

nos baña de ilusiones

que simplemente conforman el camino.

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Está

Cuando siento que mis pies se mueven mis ojos se anticipan a ellos acariciando el aire con el vaivén de mis manos.

La vida se abre paso en cualquier lugar, en una roca que desquebrajada permite a una gota encerrada cultivar una pequeña semilla, como un hijo nacer de una mínima posibilidad de unión o una flor crecer entre los escombros de un aparcamiento de tierra baldía.

Es la magia de la vida, lo único imposible de imitar, de forzar, de cambiar, es la esencia de algo que intocable nos acaricia.

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Oleaje

Qué ha podido suceder en este tiempo perdido,
las olas han seguido bañando las orillas de una playa que ya todos han olvidado. Rodeada de rocas que hacen infranqueable el paso hacia ella.

He sucumbido a la espuma que enmaraña sus algas hasta dejarlas reposar sobre alguna concha abierta.

Miro más allá del horizonte desando recuperarme y mis arenas se hacen movedizas, me hundo más y más, apenas veo mis manos a través de ellas.

¿Qué me espera en este lugar adormecido por el tiempo? ¿me queda algún alivio de esta alma tormentada?

Creo salir de la arena, ya en la playa me siguen rodeando las rocas en el más profundo silencio.

Ahí está el mar, con su movimiento, acariciado por el viento e iluminado por el sol o la luna. Yo lo veo, lo observo. No me atrevo.

Quizás quiera apoderarse de lo poco que queda ya de mi esperanza y me ahogue en ella. Aunque puede que sea la única salida.

Mis pies se acercan a la orilla y el frío recorre mi cuerpo. Me adentro, no nado. Cuando el agua ha cubierto mi cuello, me dejo flotar.No pienso luchar por escapar de este encierro. Vuelvo a la playa.

Allí pienso, en el escaso momento que me mecían las olas me han aliviado, sin embargo me traen aqui de nuevo. Tal vez, sólo tal vez deba adentrarme más, nadar hacia el horizonte sin miedo.

Me levanto, miro mi playa, me despido sin un adios, con un hasta luego pues puede que las olas traviesas me lleven allí de nuevo. Aunque hoy al menos me deje acariciar una vez más por el oleaje ajeno.

Me adentro y voy nadando. Las olas golpean en ocasiones mi cara y sigo nadando pensando en lo que me saciaran más tarde sus movimientos. El horizonte no llega nunca y me giro a comprobar cuanto he hecho, veo tierra aunque no distingo mi playa.

Creo que ha llegado el momento y sin perderme del todo a las olas me suelto y floto. Miro al cielo, las nubes y las aves que pasan rasantes sobre mí. No quiero pensar si hay peligros allí ni a dónde me llevará o si el frio me paralizará. Sólo siento y percibo ese instante, ese momento.

A dónde llegué…aquí para escribir esto.

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Los días contados

Quiero creer y no puedo en un sueño mágico que me transporte al país de la fantasía para salir de esta inevitable rutina de trabajo, familia y otros menesteres acostumbrados ya a mi edad adulta, y necesarios para mostrar que soy una persona madura.
Siento cómo brotan mis lágrimas al final de la jornada, cansada de los días que no me aportan nada más que desasosiego en esta gran ciudad que me ahoga cada día un poco más. Y miro por la ventana las luces que jamás se apagan, esas que no me dejan mirar más arriba para ver unas estrellas que sabiendo que existen ya no puedo observar.
Me recuerdo a mí misma que es lo adecuado y trato de dormir, aunque no puedo, me despierto a comprobar que todo está en orden, como si eso pudiera darme la calma para poder cerrar lo ojos y dormir. No quiero volver a tomar nada para pasar la noche y ando dando vueltas en el salón con mil cosas en la cabeza creyendo que el cansancio me hará derrumbarme en el sofá y hacer que pase la noche.
Tengo calor, un calor asfixiante, abro la ventana y miro de nuevo a través de ella, hay un cierto silencio a las tres de la madrugada y aún no he cerrado mis ojos. Se oyen los coches pasar en la avenida cercana y el camión de la basura pasando por el barrio. Tengo que ponerme con la tarea antes de las siete si quiero estar preparada para hacer todo mañana, sin embargo, ya no puedo más. Estas noches de insomnio, este estrés en el trabajo, esta vida tan encorsetada nunca ha ido conmigo.
Oigo un ruido en el cielo. No son horas de que estén despiertos los pájaros, aunque los tenemos locos con tanta luminosidad. Miro buscando el sonido y arriba del edificio de enfrente puedo ver la inmensidad de la luna llena que antes había pasado desapercibida. Está enorme. Me quedo contemplándola perdiendo la noción del tiempo, pues ¡hace tanto que no me permito disfrutar de esa imagen!
Aletargada por su luz siento que me desprendo del suelo y salgo por mi ventana acercándome a ella, busco tal vez un lugar seguro donde refugiarme, aunque mis pensamientos están bloqueados; me gusta esa sensación y me dejo llevar.
Me siento aire y como él soy ligera, sencilla, fluida. Siento luces centelleantes alrededor mía como polvo de hadas que me hacen estar suspendida. Y voy dejando atrás los ruidos, la ciudad, mi casa… Sigo flotando entre las nubes, sobre el mar y poco a poco los temores se evaporan, ¡me siento tan relajada!
De pronto, un pensamiento me plantea si estoy despierta o dormida, que esto es un sueño, que no es real y me siento caer. Voy bajando en picado, si es real todo esto, la muerte la tengo segura y sino confiaría en que algo sucediera y me sacara de esta situación. Y sigo cayendo, sí, es cierto, ya no tengo solución. Así que acepto lo que va a venir y abro los ojos para al menos ver mi último momento. Me enfrento, soltando todas mis amarras de supervivencia, al destino.
Y al abrirlos me veo tumbada sobre una fina hierba. Me levanto rápidamente, tratando de razonar los sucedido y comprobar que todo es verídico. Si es un sueño, me digo, no tengo los sentidos, sin embargo, estoy viéndome, siento mi cuerpo con una temperatura agradable, huelo a jazmines y oigo un sonido de agua cerca. Me dirijo siguiendo el susurro que me lleva hasta un pequeño riachuelo. Bebo un poco de agua, que refresca mi garganta. Miro al cielo, pues siendo de noche se ve bien y observo la luna llena rodeada de infinidad de estrellas. ¡Es fantástico! Me tumbo de nuevo y me pongo a observarlas.
Mientras, oigo vocecitas alrededor, así que trato de escuchar lo que dicen. Afino bien el oído y consigo escuchar: “Lo hemos conseguido, sólo queda esperar que no se olvide otra vez” Me incorporo y veo unos personajes diminutos frente a mí. ¿Quiénes sois? ¿Qué hago aquí?, alcanzo a preguntar.
Asombrados, que no asustados, se giran hacia mí y el de apariencia más clara se me acerca y coloca sobre mi hombro. “Somos duendes y estás aquí porque lo has deseado”, respondió
¿Yo? ¿Cuándo lo he deseado?, pregunté de nuevo a los duendes.
“Hace muchos años, un día de tu cumpleaños, que es cuando estamos dispuestos todos los seres para atender tus peticiones, nos solicitaste que, si algún día llegado tu cumpleaños ni te acordaras de él, que te lleváramos de nuevo a la magia de tu niñez”, me respondió de nuevo.
Una sonrisa se dibujó en mis labios a la vez que una lágrima de felicidad caía sobre mi rostro, sólo pude dar las gracias antes de verme de nuevo en mi salón apoyada en mi ventana mirando la luna. Una luna que tomaba una nueva dimensión.
Estaba sonriendo y llena de esperanza. Tomé una pluma y un papel para dejar así constancia de lo sucedido y jamás volver a olvidar que estamos rodeados de magia.

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