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Archive for the ‘Crecimiento personal’ Category

Mis ojos se tornaron rojas y mi pupila se dilató entre los encierros de un corazón herido sin descanso, por el tormento de un saber hacer que no es tal, pues en las paradojas de los deseos se esconde una huida desde mi centro, desde ese lugar perdido de mis emociones que gritan por salir desesperadamente, sin encontrar aliento en un fallido intento de reconocerse verdaderamente parejo en una sociedad enferma, aparente y gozosa de lugares oscuros, con telarañas e insectos de todo tipo.

Las alimañas encontrarán descanso entre las redes entretejidas por el dolor y el sufrimiento o la ignorancia y la desidia de aquello que pudiendo hacer algo, se conformaron con el silencio y la jauría trasera de pegotes insaciables de acciones que no vienen a ningún resultado. Total, que se pretende con todo esto , más que la desazón de un mundo perplejo de opiniones pasajeras, de quejas y lamentos sin acciones, sin libertades, sin verdadero arraigo por la Tierra y el corazón.

Me voy, me siento ir, mis piernas ya se van caminando por el sendero de lo correcto, de aquello que nos mueve más que la mente o el falso sentimiento a realizar el propósito que estaba inscrito en nuestros genes, que no son comer, dormir y parlotear sin otro fin que expulsar y vomitar hienas verdes.

Mi alma se lleva un suspiro hacia el interior y me reclama, me grita insaciablemente que haga mi cometido, yo huyo de escucharla, mas saciarla ya no puedo, por lo que debo retirarme a mi encuentro verdadero con lo que es más cierto y más certero, el verdadero propósito de vivir.

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Mario no ha vuelto desde el fin de semana pasado, ha dejado una nota en la cocina diciendo que estaría fuera unos días para relajarse, sin embargo ya han pasado más de dos semanas desde el incidente sin tener noticias de él.

Cuando carolina vino a visitarme estaba muy asustada, jamás había pasado tanto tiempo sin tener noticias suyas, aquejaba un fuerte dolor de muelas y me descubría unas piernas nacaradas bajo su falda gris.

Realmente no comprendía porque la trataba yo, si era Ferguson el que solía hacerlo, con toda su parafernalia de diván y libreta en mano. Yo sólo me dedicaba a esos casos que él desestimaba por ser “simples anomalías callejeras“, como le solía llamar.

Eran las 17h y el calor era sofocante, no teníamos aire acondicionado y el ventilador tan sólo removía el aire caliente que atravesaba los poros de las paredes blancas y roñosas de nuestro “despacho”, como acostumbramos a llamarle porque en la mayoría de las ocasiones despachabamos al cliente sin más miramientos.

Pero…Carolina me cautivaba por instantes con su pesar, su dolor y su angustia arrolladora. Quise llevarla al médico, a otro lugar, sin embargo, sólo se me ocurría llevarle un vaso de agua con hielo y un abanico que alguien dejara olvidado en dicha estancia.

Su voz entrecortada, lamentándose de algo que creyó hacer y que pudo provocar su desaparición, me resultaba más que conmovedor, una invitación a arroparla, aunque no me atreví a hacerlo, simplemente la observaba. Al igual que miraba el sudor de su cuello cayendo hacia el interior de su blusa prudentemente abierta, y mi mente fluía con dicha gota atravesando las barreras de lo permitido.  Luego reaccionaba y seguía con la mirada puesta en alguna otra pieza del puzzle de Carolina.

Eran casi las 18:30 cuando ella se levantó del asiento y me dio un abrazo. Sinceramente no se que le pudo pasar para acometer tal acto de imprudencia, pues yo en ningún caso pensé que fuera un acto bien intencionado y disfruté de la caricia que me suponía tener su cuerpo pegado al mío.

No se el tiempo que duró tal abrazo, el suficiente para que mi cuerpo ávido de pasión se tornara excitado y ansioso de perderme en el suyo. Justo en el momento el que mi aliento empezaba a acelerarse, se desprendió de mi dándome un beso en la mejilla y agradeciéndome haberla escuchado.

Posó sobre mi mano una foto de Mario, su teléfono y un billete de 50 que devolví pidiéndole que lo hiciera si conseguía alguna pista.

Cuando salió, mi intención no fue ir en su búsqueda, sólo de sentarme donde ella había estado sentada y retomar su aroma un instante para mí.

Mi cuerpo estaba tan excitado que dejé apoyada mi mano sobre mis genitales, que ardían con la furia de una pasión enfermiza, y empecé a recomponer el puzzle visual que había hecho mientras mi mano se introducía por mi ropa interior, acariciandome y dándome el deshago al placer vivido. Debí jadear mientras lo hacía porque me garganta quedó seca y mi mano húmeda, en el momento en el que mi corazón latía acelerado y volvía a recomponer mi respiración.

En el suelo estaba la foto de Mario, la tomé y me puse tras las pistas que en mi mente habían quedado….

Llamé a Luciano, el vecino de Mario, con el que solía salir a tomar unas cañas los sábados que se quedaba en su casa. Me comentó que le habían sentado mal los cuarenta, que quería un cambio de aires y que no le extrañaba la idea de que se hubiese ido sin más a vivir la aventura de la vida. No obstante, era un hombre sedentario, trabajador desde hacía 15 años en la misma empresa como subdirector comercial.

Cuando la policía me dejó pasar al “lugar de los hechos”, que curioso poder llamarlo así a una casa impecable sin muestras de personalidad, lleno de muebles modernos de esa tienda conocida sueca donde siempre sobran piezas, y con restos heredados de algún familiar lejano de poco gusto.

Estaba indagando en una vida enlatada sin mucho color cuando en la alcoba, en la cabecera había un maravilloso y esplendoroso cuadro del desnudo de una mujer en blanco y negro. En seguida, mi mente recordó a esa muchacha que le buscaba desesperadamente y a la que no le pregunté la relación con él. Al ver ese cuadro, mi mente no quiso imaginar nada, sino más bien ir a buscar respuestas a mis ansiadas preguntas.

No fue difícil encontrar su contacto, pues trabajaban juntos, era la subdirectora del departamento. Me presenté en la empresa con una cita sobre las doce de la mañana, ella no parecía la misma.

Me saludó cortésmente dándome la mano y ofreciendome sentarme en un sillón de ante de color marrón que me hizo recordar los muebles viejos de Mario. No despertó en mí mayor interés que el de plantear preguntas y respuestas, que ella fue contestando sin dilaciones ni replanteamientos.

A la una, sonó una campanita y me di cuenta que mi tiempo había acabado. Nos despedimos del mismo modo que llegué y me fui meditando sus respuestas que aunque directas y claras no me daban muchas pistas.

Antes de salir del edificio, el conserje me llamó y me dio un papelito que ponía la dirección de un restaurante y un “nos vemos a las 14h allí, Caro

Estaba temblando, me había desconcertado tanto que se me cayó al suelo, aunque fui veloz a retirarlo para que nadie lo pudiera ver.

Decidí ir caminando hasta el restaurante y por el camino pude observar una parte de la ciudad que desconocía y que tenía bellos jardines e innumerables tiendas de todo tipo.

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El paseo pudo tranquilizarme y de pronto observar un hombre que deambulaba cerca de un lago, no podía ser, no podía creerlo ¡Mario! Me acerqué con cuidado por si estaba desorientado o le sucedía algo. Le llamé por su nombre pero no respondía, así que pasé la fina verja del lago y me aproximé a él.

Cuando llegué a su altura me miraba fijamente a los ojos con una gran sonrisa, se abalanzó a mí en un abrazo que me ahogaba y apenas podía respirar. Cuando me liberé de sus brazos parecía caer en un éxtasis y cayó de lleno al suelo.

En esos momentos tuve una lucha de emociones y pensamientos, en plan debate moral de si dejarlo, si me acusarían de algo, si debía ir con ella, si tenía que llamarla… aunque viéndole en el suelo tumbado con esa sonrisa, pensé en qué era lo prioritario y urgente, yo no quería verme en un lío del que no pudiera salir, no obstante creo que hice lo correcto. Llamé a la policía y después traté de localizar a Carolina, sin mucho éxito.

Cuando la policía llegó y me tomó declaración eran pasadas las dos de la tarde, debía ir a mi cita para contarle lo ocurrido, o eso pensé yo en ese momento, tal vez con la esperanza de que llevara a alguna consecuencia diferente.

La ambulancia se lo llevó para hacerle un reconocimiento y me dijeron que no era necesario acompañarle, así que corrí hasta el restaurante. Llegué puntual aunque sudando, pedí mesa y a los 2 minutos la vi entrar, se quitó sus grandes gafas de sol y me abrazó con ternura. Yo no quería dejar de vivir ese momento junto a su piel, sin embargo, debía decirle lo que había sucedido, o no importaba si dejaba para más tarde contárselo, total no iba a cambiar nada, o sí.

En ese debate nos sentamos a la mesa y le dejé comenzar a ella.

-Gracias por venir- expresó con un guiño de complicidad.

No quise interrumpirla pero me pudo los nervios y le dije “de nada”, iba a seguir yo cuando vi una mueca en sus labios que iniciaban una conversación..

– En la oficina no puedo expresarme con total libertad, llevamos tiempo siendo observados y por eso le dije de vernos aquí y aclarar algunas de mis respuestas de antes.

Yo no quise interrumpirla y contarle que le había visto, para disfrutar el tiempo que pudiera de su presencia, de su voz, de toda ella

-Mario ha hecho mucho por mí y casi le debo la vida, eso no se responde ni se entiende con unas simples respuestas. Usted vio mi cuadro en su casa, fue mi regalo por su ayuda en los momentos más difíciles, agradezco mucho cuando alguien hace por mí…

En mi cabeza no estaba el decirle nada de Mario, ni pensaba en el cuadro, sólo pensaba en cuál sería mi recompensa de ayudarla, eso me hizo sentir mal y decidí interrumpirla.

-Tengo que decirte que he encontrado a Mario

Ella, no se inmutó, me miró y me dijo: “Ahora es feliz”

No comprendía nada, no sabía si contarle más, si pedir de comer, si preguntar o qué hacer.

Se levantó de la mesa y me dijo que le acompañara. Yo no dudé, como si tejiera con asombrosa sutilidad un pañuelo de dulzura la fui siguiendo hasta una habitación del hotel contiguo.

Allí, tras cerrar la puerta me percaté donde estaba, sin explicarme cómo había llegado allí sin ser consciente de nada.

Tomó mi cara con sus manos y me besó apasionadamente. Yo me retiré instintivamente, tal vez por todo el desconcierto o por miedo al total descontrol.

Sonrió y me invitó a sentarme en la cama, ella se sentó frente a mí y me dijo que comprendía mi estado de desconcierto, sus palabras fueron calmandome como un bálsamo embriagador…

Como si de una brisa suave se tratase sus manos se introdujeron por debajo de mi falda y sus labios acariciaron mi cuello, mi cuerpo se contorneó entregándose a tal fragancia de constantes deseos, nuestro labios se juntaron, esta vez con una pasión desbordada que nos llevaría a yacer en la cama tras horas de caricias, pasiones y besos.

Creí morir unas diez veces y resucitar otras tantas, jamás había estado con una mujer y nunca había sentido tanta entrega ni calma.

Cuando desperté estaba sola en la cama, bajé corriendo a la calle como quien busca algo que sabe no va a encontrar. En recepción pregunté por ella, nadie la vio. Aunque la habitación había sido pagada.

Decidí no buscarla, sino ir a por él, buscar a Mario y obtener respuestas, no del caso sino para mí.

Allí en la cama, sólo con un suero me reconoció y me invitó a pasar.

-No es real, no la busques, me repetía

-No sé a lo que te refieres. Inquerí

-Ella no es real, es una diosa que te invita al placer y éxtasis para dejarlo todo atrás.

– No lo comprendo, ¿porqué yo, o usted?

-La hemos llamado durante años, en nuestras tediosas e insulsas vidas. Ella nos despierta la llama, esa que jamás se olvida, para crear un nuevo mundo más acorde con la vida.

Salí en silencio de la habitación, quise regresar a casa, sin embargo, cambié el rumbo de mi camino y comprendí caminando para lo que había venido. Tan sólo en unas semanas transformó mi vida, haciendome creer en mí, apostando por mi vida, tomando el placer de mi cuerpo y recuperando la felicidad perdida.

A todos aquellos que no se permiten ser quienes realmente son

 

 

 

 

 

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Lágrimas de asfalto frío

en horas de desolación

soledad inquieta de un ser vacío

bajo la mirada atenta de un nuevo sol.

Allá quedaron las nubes volando

sobre un cielo que desaparecía con el retrovisor

de un coche sin alas

que me lleva lejos sin distancias voy.

Cuando trate de mirar el desconcierto

no huí de mi verdadero yo

me hice fuerte, valiente y confiada

desesperada, nerviosa y con pasión.

Dónde quedan ahora las energías revueltas

dónde el callado silencio de un adios

en lágrimas de olas que inundan

un paisaje teñido de dolor

Sin embargo, hay esperanza

dejada al mar del universo sabio

donde no hay lugar para la mente

y si para la alegría presente

Doy gracias al lugar que ocupo

a la vida que se me presenta

pues es bajo el fluir sereno de los sentidos

donde el ser se manifiesta

Gracias seres que siempre me acompañais

en alegrías y desgracias

puedo dejarme ir

desde el ser humano que se levanta.

Susurra el viento mi nombre

y me evade en la mañana

dejándome serena descansar

agotada de la lucha forzada.

Aprendida la lección

miro al futuro confiada

de que la vida es como hoy

ahora que escribo estas palabras

bendicion_gautama

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IMAG6255En el camino sordido y sediento de un locuaz argumento me perdí, tal vez quería hundirme en las divagaciones profundas de mi pensamiento, mas alli perdida no encontre la luz de la vida ni el soplo que alienta las almas serenas.

Volvi a recorrer el paisaje con unos ojos que ya no sabia reconocer si eran los mios y las lagrimas brotaron de ellos con la esperanza de limpiar junto al cristalino todo aquello que la mente hubiera dañado y es tan expectante el momento que en el silencio encontre la palabra adecuada para mirar…Tú

Caminando decidí pararme sin sentirme quieta pues sabía que todo seguía en movimiento, la piel que cubría mis entrañas estaba allí descubierta y desprovista de mayor protección que sí misma y se estremeció el cuerpo desnudo, el miedo seguía rodeandome.

Entre mis piernas temblorosas hallé un recuerdo del pasado, un sombrío lugar de dolor y desarraigo que me separaba de mi misma para adulterar todo el ser esencial que se halla dentro de mí. El miedo seguía impidiendome alcanzar tan florecido lugar de pasiones y deseos, del placer natural de la savia nueva que alberga y crea.

Luche contra mí misma por no ser capaz de encontrar más que temor, huyendo nuevamente en una ira descontrolada de masoquismo y sabotaje hacia mí. Revolviendome como una serpiente aborgien que no desea ser seducida más que por su propia envergadura, logré ser un uroboro que chispeaba el encuentro fugaz, repentino y veraz de mí misma y me abrí desde lo profundo hasta alcanzar el vacío de mi interior plagado de un amor infinito que resurgía de mi.

Qué inexplicable sensación de nada y todo, de ser y diluirme entre las partículas infinitas deformes que es la esencia misma…allí en un círculo eterno comprendí lo que era sin más.

Ahora en la trigonometría de mis espacios infinitos busco sin lucha alguna la armonía del arco iris y de la flagrante necesidad de luz que irradio desde el puro núcleo de la existencia para en este mundo materializar el vuelo de un águila silenciosa.

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Oh corazon, dale una tregua a mi cerebro para que me deje por unos momentos disfrutar de tu presencia, dile que no es por falta de amor lo que pretendo sino la necesidad de estar contigo un rato y abrazarme a ti, cuando hables con el recuerdale que siempre disfruto estando ausente y que jamas tuvo un instante que no fuera el presente para vivir.

Si tras todo esto no te escucha, no te lastimes corazon y sigue adelante dandole amor incondicional a una mente que lucha entre sus mitades por ser la pasion de ideas y la furia desenfrenada del raciocinio, dejala estar en su lucha incesante e incoherente para que alcancen un momento de calma y se regocije entre sus neuronas cansadas para verse a si misma como la perfecta conjuncion de carisma, vida y creatividad.

Los he lanzado al mundo sin medida y ahora que se han visto por fin la cara luchan por un predominio lateral que no les corresponde, cuando las energias desfallezcan o deseen parar se miraran y se veran tan necesarios que se abrazaran con dosis de litio y sodio chispeando amor y haran las definitivas paces para trabajar como un gran equipo funcional y operativo a la vez que magico y soñador.

Corazon mio no te inquietes y colmate de tu infinita paciencia para saborear el regalo que ha de llegar y con el la dicha de expandirse hacia el universo de todo ser de este y otros mundos, deja de anhelar por lo que no te corresponde y vive haciendo lo que mejor sabes hacer, amar. Cuando llamen a tu puerta situa tu amiga la sonrisa en ella y entraran fluidamente por tu hogar llenandolo de la dicha y el respeto que te mereces.

Y a ti que todo me lees mirame con los ojos de tu alma pues en ella habitan las respuestas que mi corazon y mi mente descubren, sientate conmigo un instante sin mediar palabra y hagamos de ese instante un sueño alegre que te impulse a sentir que estas vivo y mientras asi sea, que la felicidad nos llene.

Gracias

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Siento el abismo bajo mis pies
me hundo en él
me desvanezco
y desaparezco
parece que al fin he hallado la paz
y el ansiado sosiego.
Todo esta oscuro aquí dentro
no huele ni hay aire
me asfixio
¿tal vez muero?
Y deseo que sea breve el paso
más allá del infierno
dejandome en su estela dorada
vivir en el eterno cielo.
No llega nada
solo oscuridad y sosiego
ya no brilla nada
ni la penumbra se antoja inquieta
Es un tunel,
un punto intenso e infinito
es una sin materia indefinida
donde apenas existo.
Al fin,me abandono
en un vago deseo de esperar nada
de algo que no veo.
Y hay algo que se esparce en mi interior
algo que se me clava dentro
no se si sale de mi
o es mi angustia la que lo inventó.
Cierro mis ojos, aunque nada veo
y siento que algo arde
cerca de donde se clava ese sentimiento
no comprendo
aunque sin temor ya
miro adentro
y veo una luz brillar
que jamás hubiera descubierto.
La siento mia, y me alegro…
ya sólo hay luz en el anverso
descubriendo en mí la faz
de lo incierto
sin comprender lo que no entiendo
haciendo de la nada
algo intenso
pues allá donde vaya
siempre habrá dentro
una luz mia que me abrace como el eterno

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De lo que soy capaz y no me aventuro a descubir por temor a la soledad de un mundo que me cierra puertas a quien soy más que a lo que hago.

Por desear ocupar un lugar único que es el mío, porqué cubrirse de tormentos ante el escandaloso rugir de sonidos inherentes a desconciertos pasajeros donde no somos más que perdices al vuelo bajo la mirilla de un intrigante cazador hambriento de gozo por la victoria subfragada.

Mas, ay! de esos momentos que me arranco de los lugares que no desoe y redescubro la paz, la calma, la serenidad de alguien inquieto que surca un pequeño agujero donde sostener su miedo para lanzarse sin vacilaciones a un vacío que esta lleno de nada, de nada que a la vez lo es todo porque en lo inmeso esta lo minúsculo y en un suspiro se va mi anhelo.

Me transformo, me convierto en mujer, en diosa, en un ser especial que renueva sus células por dentro y por fuera, capaz de ser como cualquier otro y afrontar que no enfrentar su espacio y su tiempo.

Ya la sonrisa no es un llanto ahogado en nervios que salen escondiendose de valoraciones ajenas, ya no es una muestra de respeto aprendido, es un signo del corazón que vibra e ilumina a su paso a todo aquel que quiera prender un poco más la mecha de su alma.

Mis manos están abiertas y no pretenden estrechar la tuya sino fundirse con ellas, con un leve roce de cercanía y presencia por mis palabras y mi ser, por mi vida y su sentido, porque en este mundo, tan tuyo como mio,

estoy y soy.

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